Mariano Pallero, escultor contemporáneo argentino: de Pigüé a Qatar.

La historia de un escultor multimaterial que concibe el arte como proceso creativo y cruza fronteras desde el sur bonaerense.

Por momentos, la historia de Mariano Pallero parece ir a contramano de los relatos habituales del arte contemporáneo. Vive en un pueblo de apenas 500 habitantes, trabaja con materiales duros como metal, alambre y hierro, y durante años sostuvo su práctica artística lejos de los circuitos tradicionales. Sin embargo, en 2025 viajó miles de kilómetros para exponer su obra en QIAF, el Festival Internacional de Arte de Qatar, dialogando con artistas de distintas culturas y latitudes.

Nada de esto ocurrió de manera repentina. En el caso de Pallero, la escultura es una necesidad.

La escultura como lenguaje inevitable.

“Hace mucho que vengo con el arte, aunque no siempre de manera profesional”, cuenta Mariano. A los 16 o 17 años ya experimentaba con yeso y alambre en un taller de su pueblo natal, Pigüé, en el sudoeste bonaerense. Probó el dibujo, exploró otras formas de expresión, pero fue la escultura la que terminó imponiéndose como su lenguaje.

“No fue una decisión racional. Me enamoré del proceso. De romper, de picar, de transformar la materia”, recuerda.
Desde entonces, nunca dejó de crear, aunque durante años lo hiciera de manera intermitente, combinando su práctica artística con otro oficio. Recién en los últimos tiempos, con mayor disponibilidad de tiempo y una decisión clara de proyectarse, la escultura empezó a ocupar un lugar central y consciente en su vida.

Multimaterialidad: cuando cualquier materia es válida.

Pallero se define como escultor multimaterial. No por una postura estética rígida, sino por convicción: “Para la escultura, cualquier material sirve. No hay un material mejor que otro”.

Metal, alambre, hierro, madera, incluso motosierra y troncos en etapas anteriores: la materia es un medio, no un fin. Lo importante es lo que sucede en el proceso.

Esa relación física con materiales duros —que exige técnica, cuidado y disciplina— no es casual. Aunque Mariano no lo plantea de manera conceptual explícita, su obra transmite valores como resiliencia, fuerza, movimiento y tensión, incluso en esculturas estáticas. El desafío, dice, es lograr que algo inmóvil parezca estar a punto de moverse.

El proceso antes que la obra.

Hay algo que se repite constantemente en su discurso: el proceso creativo es más importante que la obra terminada.

“No sé cuántas obras hice. A mí me importa el proceso. Empieza, termina… y yo ya quiero empezar otro”, explica. Cada escultura es un recorrido emocional y físico que comienza desde cero, sin la presión de agradar ni de generar aprobación externa.

Pallero no trabaja pensando en el impacto en el espectador. Su búsqueda es interna, casi íntima. “Quizá suene egoísta, pero yo busco que la obra me genere algo a mí. Si después le genera algo al otro, genial. Pero no es el motor”.

Paradójicamente, esa honestidad es lo que vuelve a su obra potente y auténtica.

Animales, territorio y mirada.

Muchas de sus esculturas representan animales. Entre ellas, una de la mulita (armadillo). Esas piezas fueron, justamente, una de las que presentó en Qatar.

“Allá no sabían qué animal era, pero conectaron igual”, cuenta.
La obra, aun cuando nace de un territorio específico, logra trascenderlo. La fuerza expresiva, la mirada, el movimiento sugerido funcionan como un lenguaje universal.

De Pigüé a Qatar: la experiencia QIAF.

El viaje a Qatar comenzó como un objetivo soñado a principios de año y paso a paso, metas cumplidas dieron fruto. A principios de año, Mariano vio una convocatoria impulsada por la artista Claudia Pérez, embajadora argentina 2025 de QIAF (Qatar International Art Festival). Había dos opciones: enviar obra o viajar. Eligió viajar.

Para Pallero, la experiencia fue transformadora:
“Desde lo cultural, lo artístico, lo humano. Hablar con un escultor iraní, con uno nigeriano… fue un mundo completamente nuevo”.

La obra tuvo muy buena recepción. Incluso una de sus esculturas fue seleccionada por la organización del festival con intención de adquisición, aunque finalmente no se concretó la venta. Aun así, el impacto fue enorme: validación, visibilidad y nuevas oportunidades.

Después de Catar, aparecieron invitaciones, premios y la posibilidad de seguir viajando. Italia asoma como próximo destino.

Arte, mercado y un dilema inevitable.

Como ocurre con muchos artistas, el vínculo con el mercado es ambivalente. Mariano lo reconoce con honestidad: sabe que para seguir creando necesita vender, pero no quiere que el mercado condicione su obra.

En este punto aparece una figura clave: su hermano, coach ontológico, quien lo acompaña en la toma de decisiones, en la fijación de precios y en la estrategia.

Este dilema, crear desde la autenticidad y, al mismo tiempo, aprender a comunicar, posicionar y vender su arte, es uno de los grandes desafíos del artista contemporáneo. Y también una invitación a no mantenerse en lo conocido, a retarse, a estar abierto a adquirir nuevas habilidades que le permitan potenciar, su carrera artística y compartir su legado.

El propósito: seguir creando y abrirse al mundo.

Cuando se le pregunta por el futuro, Mariano no traza un plan rígido. Prefiere hablar de flujo, apertura y continuidad.

“El punto fundamental es seguir haciendo arte. Mostrar lo que hago. Proyectarme, sí, pero sin cerrarme a nada”.

Su historia demuestra algo esencial: el arte no está reñido con la estrategia, y la autenticidad no se pierde cuando se aprende a comunicar. Al contrario: cuando un artista comprende su proceso, sus valores y su propósito, puede construir una marca personal sólida sin traicionarse.

Antes de despedirse, deja un mensaje simple y poderoso:

“Que viva el arte. Que cada persona busque eso que le eriza la piel, eso que le apasiona. Porque eso le da sentido a la vida”.

Podés seguir de cerca las obras y creaciones de Mariano en sus redes sociales @mariano_pallero 

Sobre este espacio de periodismo cultural:

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Soy Mariana Urdaniz, periodista cultural, especialista en marketing y comunicación para artistas. Acompaño a creadores a poner en valor su obra, su recorrido y su identidad artística, ayudándolos a comunicar lo que hacen y a ampliar su visibilidad en el ecosistema cultural.

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